jueves, 27 de mayo de 2010

aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

-Biografía de Goya:

Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 30 de marzo de 1746Burdeos, Francia, 15 de abril de 1828) fue un pintor y grabador español. Su obra abarca la pintura de caballete y mural, el grabado y el dibujo. En todas estas facetas desarrolló un estilo que inaugura el Romanticismo. El arte goyesco supone, asimismo, el comienzo de la Pintura contemporánea, y se considera precursor de las vanguardias pictóricas del siglo XX.

Tras un lento aprendizaje en su tierra natal, en el ámbito estilístico del barroco tardío y las estampas devotas, viaja a Italia en 1770, donde traba contacto con el incipiente neoclasicismo, que adopta cuando marcha a Madrid a mediados de esa década, junto con un pintoresquismo costumbrista rococó derivado de su nuevo trabajo como pintor de cartones para los tapices de la manufactura real de Santa Bárbara. El magisterio en esta actividad y en otras relacionadas con la pintura de corte lo imponía Mengs, y el pintor español más reputado era Francisco Bayeu, que fue cuñado de Goya.

Una grave enfermedad que le aqueja en 1793 le lleva a acercarse a una pintura más creativa y original, que expresa temáticas menos amables que los modelos que había pintado para la decoración de los palacios reales. Una serie de cuadritos en hojalata, a los que él mismo denomina de capricho e invención, inician la fase madura de la obra del artista y la transición hacia la estética romántica.

-CONTEXTO HISTORICO:

se autoproclamó cónsul de la Primera República Francesa el 18 de febrero de 1799 y en 1804 Pío VII le coronó emperador. España controlaba el acceso al Mar Mediterráneo y poseía varias colonias, por lo que era un punto crucial en el mapa europeo que los franceses debían dominar cuanto antes. Carlos IV, un hombre abúlico y desinteresado por el gobierno, era el rey de España desde 1788. La reina María Luisa de Parma y su supuesto amante, el primer ministro Manuel Godoy, eran quienes manejaban el reino. Napoleón tomó ventaja de la situación y propuso al gobierno español conquistar Portugal y repartirlo entre ambas naciones.El Príncipe de la Paz —como se conocía a Godoy— negoció el trato y poco después acepta gustoso la oferta, y permite a los franceses penetrar en territorio español. Sin embargo, las verdaderas intenciones del emperador eran otras, conquistar España y Portugal simultáneamente y situar a su hermano José Bonaparte —desde 1806, soberano de Nápoles— a la cabeza de ambos reinos. Pero el acuerdo casi subrepticio de Godoy con el Primer Imperio Francés desató descontento en varias esferas de la sociedad española, lo cual fue capitalizado por el príncipe Fernando de Borbón, acérrimo adversario de Godoy. Junto a otras personalidades del gobierno, como el infante Antonio Pascual, Fernando entendió claramente que era un plan de los franceses para hacerse con el reino y pensó en asesinar al ministro e incluso a sus padres, para tomar él el poder y sacar a las tropas de Napoleón.
Más de 20.000 soldados franceses entraron a España en noviembre de 1807, con la misión de reforzar al ejército hispano para atacar Portugal. Los españoles no opusieron resistencia y permitieron su libre tránsito. Hacia febrero de 1808, los auténticos planes de Napoleón comenzaron a saberse y hubo pequeños brotes de rebeldía en varias partes de España, como Zaragoza. Joaquín Murat, comandante de las fuerzas francesas, creía que España reaccionaría mejor bajo el mando de José I de Nápoles, hermano de Napoleón, que gobernada por Carlos IV o por su hijo Fernando. Así lo expresó al emperador en una carta del 1 de marzo de 1808.[13] En marzo se produce el Motín de Aranjuez. Carlos IV debe destituir a Godoy y éste tiene que salir del país por temor a morir linchado a manos del pueblo. Obligado por la penosa situación, el rey abdica y Fernando se convierte en el nuevo monarca español. Al conocer los sucesos en España, Napoleón se precipita y aprehende a Fernando VII, que debe devolver la corona a su padre y éste la pone en manos del francés. Napoleón no duda en traspasar la corona a su hermano y desde el 6 de junio de 1808, José Bonaparte es rey de España.

El pueblo español había aceptado gobernantes extranjeros en el pasado —a la Casa de Borbón en 1700, con Felipe de Anjou (posteriormente Felipe V) como rey—, pero esta vez no estaba dispuesto a permitir una ocupación francesa. El dos de mayo el gobierno invasor decretó la salida de los últimos miembros de la familia real, entre ellos los infantes María Luisa y Francisco de Paula. Al percatarse de ello, el cerrajero Blas Molina gritó al pueblo: «¡Traición! ¡Nos han quitado a nuestro rey y quieren llevarse a todos los miembros de la familia real! ¡Muerte a los franceses!». Comenzó así el levantamiento. Murat escribió sobre ello a José Bonaparte que «el pueblo de Madrid se ha levantado en armas, dándose al saqueo y a la barbarie. Corrieron ríos de sangre francesa. El ejército demanda venganza. Todos los saqueadores han sido arrestados y serán fusilados». Tal como escribió el general, esa noche comenzó en la capital una implacable persecución de presuntos sublevados. Cualquiera que llevase una navaja —común entre los artesanos madrileños— era arrestado y condenado a muerte sin previo juicio. Las ejecuciones se realizaron a las cuatro de la mañana en Recoletos, Príncipe Pío, la Puerta del Sol, La Moncloa, el Paseo del Prado y la Puerta de Alcalá. Cerca de allí se encontraba la montaña del Príncipe Pío, donde se dieron los sucesos que inspiraron al artista de Fuendetodos para la obra que emprendería un lustro más tarde. Pocos días después, la población de Madrid tenía ya en un altísimo concepto de heroicidad a los caídos la noche del tres de mayo y algún tiempo después circularon estampas en las que conmemoraba su lucha contra Napoleón —visto ya como la personificación del Anticristo católico—.

La vasta mayoría de los ejecutados en Príncipe Pío —actualmente conocida como plaza de España— eran condenados por una Comisión Militar que no les concedía derecho a defensa, aunque casi todos los rehenes habían participado activamente en la insurrección y se les aprehendió con las armas en la mano. Goya debió de documentarse abundantemente para sus obras —como era habitual en él— y para ello utilizó algunos testimonios de presos que lograron fugarse, como uno que huyó hacia la ribera del Manzanares.

El pintor conmemorará los hechos acaecidos en la reyerta del dos de mayo en La carga de los mamelucos, donde un grupo de milicianos franceses a caballo pelean contra el pueblo sublevado en la Puerta del Sol, escenario de varias horas de fiero combate. Muchos de los rebeldes fueron sofocados, arrestados y fusilados en las localidades cercanas a Madrid durante los días siguientes, hecho que representa El tres de mayo de 1808. La oposición española persistió durante los siguientes cinco años, en forma de una dura guerra de guerrillas. Tiempo más tarde unieron sus ejércitos con portugueses y británicos, bajo la dirección de Arthur Wellesley, duque de Wellington —militar que tuvo su «bautizo de fuego» en la Península hacia agosto de 1808—. Como ya se ha dicho, en la época en la que Goya concibe este cuadro los españoles habían mitificado a tal extremo a los rebeldes de mayo de 1808 que eran ya sinónimo de patriotismo y heroísmo.

-OBRAS DE GOYA:




Saturno devorando a un hijo.
El cuadro Saturno devorando a un hijo es una de las pinturas sobre revoco que formó parte de la decoración de los muros de la casa que Francisco de Goya adquirió en 1819, pertenece a la serie de las Pinturas Negras.
La obra, junto con el resto de las «Pinturas negras» fue trasladada de revoco a lienzo en 1873 por Salvador Martínez Cubells, sin embargo, las obras no atrajeron compradores y él mismo las donó, en 1876, al Museo del Prado, donde actualmente se exponen.
Representa al dios Crono, como es habitual indiferenciado de Chronos, o (Saturno en la mitología romana), en el acto de devorar a uno de sus hijos. La figura era emblema alegórico del paso del tiempo, pues Crono se comía los hijos recién nacidos de Rea, su mujer, por temor a ser destronado por uno de ellos.




Fusilamiento del dos de mayo.
El dos de mayo de 1808 en Madrid
la Puerta del Sol es, junto con El tres de mayo, uno de los cuadros más célebres de Francisco de Goya y Lucientes, pintor español. El cuadro, pintado en 1814 en óleo sobre tela, se encuentra en el Museo del Prado, en Madrid.
Representa una escena del levantamiento del 2 de mayo contra los franceses, comienzo de la guerra de independencia española contra Napoleón, que había ocupado España en 1808 y había puesto como rey a su hermano, José.
Durante la Guerra Civil este cuadro, junto con otros del Museo del Prado, fue sacado de España y trasladado a Ginebra. En ese traslado se deterioraron algunos fragmentos, como puede observarse en las faltas cubiertas de marrón a la izquierda del cuadro. Se cuenta que el camión que transportaba el lienzo rozó un balcón, y dado que la pintura se trasladaba en su bastidor (no enrollada), sufrió el impacto y se desgarró. En 2008 las zonas afectadas fueron restauradas y las figuras desaparecidas reintegradas a la acuarela.


La familia de Carlos IV
La familia de Carlos IV es un retrato colectivo pintado en 1800 por Goya (1746-1828). Se conserva en el Museo del Prado de Madrid.

Un año antes de realizar de este cuadro, Goya había obtenido el más alto cargo que un pintor podía alcanzar en España: pintor de cámara al servicio del rey, la misma distinción que había obtenido Velázquez un siglo y medio antes.

Gracias a las cartas de la reina María Luisa de Parma a Godoy conocemos paso a paso la concepción del cuadro. Goya recibió el encargo de pintarlo cuando la Familia Real pasaba una temporada en el Palacio Real de Aranjuez. Posiblemente por su nuevo nombramiento, Goya ideó una composición similar a Las Meninas, en alusión a Velázquez, quien había ostentado el mismo cargo al servicio de Felipe IV.
Goya muestra a los personajes de pie, vestidos con lujosos ropajes de seda y con abundantes joyas y condecoraciones. Contemplan a alguien que posa enfrente de ellos para Goya; se supone que es Manuel Godoy, primer ministro y protegido de los reyes. Al igual que hizo Velázquez, Goya aparece junto a los reyes y demuestra su proximidad a ellos, pero ocupa un plano secundario para no acaparar protagonismo.

La Maja desnuda
La Maja desnuda es una de las más célebres obras del Francisco José de Goya y Lucientes. El cuadro es una obra de encargo pintada antes de 1800, en un periodo que estaría entre 1790 y 1800, fecha de la primera referencia documentada de esta obra. Luego formó pareja con La maja vestida, datada entre 1802 y 1805.
En el diseño de este cuadro el dibujo es decisivo, por ese motivo y por el predominio de una gama cromática fría se nota la influencia del neoclasicismo, si bien Goya va mucho más allá de tal ismo.
Aunque se ubica dentro de la estética del neoclasicismo,como otras del mismo pintor, esta obra de Goya es audaz y atrevida para su época, como audaz es la expresión del rostro y actitud corporal de la modelo, que parece sonreír satisfecha y contenta de sus gracias. Más aún, es la primera obra de arte (conocida) en la cual aparece pintado el vello púbico femenino, lo cual resalta el erotismo de la composición.
Cabe destacar la particular luminosidad que Goya da al cuerpo de la desnuda, luminosidad que contrasta con el resto del ambiente, y junto a esa luminosidad la típica expresividad que Goya sabe dar a los ojos.

La carga de los mamelucos


La carga de los mamelucos en
la Puerta del Sol es, junto con El tres de mayo, uno de los cuadros más célebres de Francisco de Goya y Lucientes, pintor español. El cuadro, pintado en 1814 en óleo sobre tela, se encuentra en el Museo del Prado, en Madrid.

Representa una escena del levantamiento del 2 de mayo contra los franceses, comienzo de la guerra de independencia española contra Napoleón, que había ocupado España en 1808 y había puesto como rey a su hermano, José.

En el cuadro, los insurgentes españoles atacan a los mamelucos, mercenarios egipcios que combaten al lado del ejército francés. Esta revuelta fue aplastada de forma sangrienta por el ejército de ocupación.

Los movimientos de los caballos y de los distintos personajes dotan al cuadro de un gran dinamismo. Refleja la escena con gran realismo, como puede verse la representación de los cuerpos caídos y los ríos de sangre. En el último término, se ve el perfil arquitectónico de Madrid, si bien tratado de tal manera que no distrae la atención del acontecimiento principal, que domina el primer plano.

Triple generación

El cuadro representa a la Sagrada Familia, esto es, la Virgen María junto al Niño Jesús y san José portando su vara florida, bajo un cielo en gloria de resplandor amarillo anaranjado (color que habitualmente representaba lo sobrenatural) donde unos ángeles en escorzo sostienen unas nubes donde se apoya Dios Padre. Sobre él se aprecia al Espíritu Santo representado por una paloma. Junto a la Sagrada Familia aparecen san Joaquín y santa Ana contemplando la escena, formando la «Triple generación» las figuras más ancianas que completan la obra.

El cuadro muestra la iluminación del Barroco tardío. El dibujo muestra modelos que se darán en otros cuadros de Goya, como las cabezas de Dios Padre y San Joaquín, que podemos identificar en los cuadros que se han visto bajo la Celestina y su hija (Fundación March) y bajo el Bautismo de Cristo.

El coloso

El coloso es un cuadro tradicionalmente atribuido a Francisco de Goya en el que un gigante de tamaño colosal se yergue tras unos montes que ocultan sus piernas hasta los muslos ocupando el centro de la imagen, rodeado de nubes y con los puños en alto. El tercio inferior del lienzo lo ocupa un sombrío valle donde una multitud de gente y ganado se dispersa caóticamente en todas direcciones.
El enorme cuerpo del gigante ocupa el centro de la composición. Parece adoptar una postura combativa a juzgar por la posición del brazo y el puño cerrado. El cuadro fue pintado durante la Guerra de la Independencia Española, por lo que podría simbolizar dicho enfrentamiento bélico. Nigel Glendinning afirma que el cuadro está basado en un poema patriótico de Juan Bautista Arriaza llamado «Profecía del Pirineo».
En él se presenta al pueblo español como un gigante surgido de los Pirineos para oponerse a la invasión napoleónica.

Cristo crucificado

Se trata de un Cristo de estilo neoclásico, si bien está arraigado en la tradicional iconografía española y relacionado con el Cristo de Velázquez y el de Anton Raphael Mengs, aunque sin el fondo de paisaje de este último, sustituido por un negro neutro, como en el del modelo del maestro sevillano.
Con fondo negro y cuatro clavos, como mandaban los cánones del barroco español crucificado de cuatro clavos con los pies sobre el supedáneo y un letrero sobre la cruz que contiene la inscripción IESUS NAZARENUS REX IUDEORUM en tres lenguas, como pedía el modelo iconográfico en España desde Francisco Pacheco Goya quita énfasis a los factores devocionales (dramatismo, presencia de la sangre, etc.) para subrayar el suave modelado, pues su destino era agradar a los académicos regidos por el Neoclasicismo de Mengs.
La cabeza, trabajada con pincelada suelta y vibrante, está inclinada a su izquierda y levantada, como su mirada, hacia las alturas refleja dramatismo, incluso parece representar un gesto de éxtasis al reflejar el instante en que Jesús alza la cabeza y, con la boca abierta, parece pronunciar las palabras «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

Autorretrato


Autorretrato, pintado por Francisco de Goya en 1815, a la edad de sesenta y nueve años, fue uno de los últimos óleos en que plasmó su propia imagen. Se trata de una obra de pequeño tamaño (46 x 33 cm) que se caracteriza por darnos una imagen cercana, cotidiana, íntima del pintor en su vejez.

Sobre la base de un espacio indefinido y oscuro de fondo (a la manera velazqueña), abocetado y de aspecto inacabado, y solo un poco menos que la levita marrón rojizo, se destaca el cuello pulquérrimo de una camisa con el cuello abierto de firme y eficaz pincelada. La base, preparada con ocres, presta al cuadro un color cálido, que complementa perfectamente la delicada tez sonrosada de su rostro, pintada con mucha más pasta y que realza la luz que desprende el rostro. Todo el conjunto desprende, así, un amable espíritu de placidez, que corresponde a un artista experimentado, ya en plena ancianidad. El pintor mira francamente al espectador de la obra, al que parece interpelar.

La maja vestida

La maja vestida es una de las obras más conocidas del pintor español Francisco de Goya. Está realizado en óleo sobre lienzo.

El traje blanco de esta Maja se ciñe de tal forma a la figura, en particular el sexo y los pechos, que parece más desnuda que la otra. La cintura la resalta mediante una lazada rosa. La nota de color del cuadro la pone la chaquetilla corta o bolero, similar al de los toreros, de mangas anaranjadas con los puños rematados con encaje negro. Lleva zapatos dorados de pequeño tamaño.

Goya la pintó con pinceladas sueltas, pastosas y muy libres, a diferencia de la Maja desnuda, en que el pintor es más cuidadoso en el tratamiento de las carnaduras y sombreados. La figura de la maja está bañada con una luz que destaca las diferentes texturas.

Se retrata a la misma mujer recostada en un lecho y mirando directamente al observador. No se sabe, a ciencia cierta, quién es la retratada. Se apuntó la posibilidad de que se tratara de la decimotercera duquesa de Alba María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, amiga de Goya. No obstante, dado que el primer propietario fue Godoy, se ha considerado más probable que la modelo directamente retratada haya sido la entonces amante y luego la esposa del mismo mencionado Godoy, Pepita Tudó.

También ha suscitado dudas el objeto rojizo que se asoma bajo los cojines; algunos pensaron que era la empuñadura de una daga o puñal, lo que acentuaría las connotaciones novelescas y eróticas del retrato. Otras fuentes creen que es un abanico cerrado.



Estudio De La Epoca A Traves De Obras Literarias.

No se salvaron tres de a caballo que corrían a todo escape hacia la Puerta del Sol. Se les hicieron varios disparos; pero irritados ellos cargaron sobre un grupo apostado en la esquina del callejón de la Chamberga, y bien pronto viéronse envueltos por el paisanaje. De un fuerte sablazo, el más audaz de los tres abrió la cabeza a una infeliz maja en el instante en que daba a su marido el fusil recién cargado, y la imprecación de la furiosa mujer al caer herida al suelo, espoleó el coraje de los hombres. La lucha -245- se trabó entonces cuerpo a cuerpo y a arma blanca.

Llegar los cuerpos de ejército a la Puerta del Sol y comenzar el ataque, fueron sucesos ocurridos en un mismo instante. Yo creo que los franceses, a pesar de su superioridad numérica y material, estaban más aturdidos que los españoles; así es que en vez de comenzar poniendo en juego la caballería, -249- hicieron uso de la metralla desde los primeros momentos.


La lucha, mejor dicho, la carnicería era espantosa en la Puerta del Sol. Cuando cesó el fuego y comenzaron a funcionar los caballos, la guardia polaca llamada noble, y los famosos mamelucos cayeron a sablazos sobre el pueblo, siendo los ocupadores de la calle Mayor los que alcanzamos la peor parte, porque por uno y otro flanco nos atacaban los feroces jinetes. El peligro no me impedía observar quién estaba en torno mío, y así puedo decir que sostenían mi valor vacilante además de la Primorosa, un señor grave y bien vestido que parecía aristócrata, y dos honradísimos tenderos de la misma calle, a quienes yo de antiguo conocía.


Ustedes no pueden figurarse cómo eran aquellos combates parciales. Mientras desde las ventanas y desde la calle se les hacía fuego, los manolos les atacaban navaja en mano, y las mujeres clavaban sus dedos en la cabeza del caballo, o saltaban, asiendo por los brazos al jinete. Este recibía auxilio, y al instante acudían dos, tres, diez, veinte, que eran atacados de la misma manera, y se formaba una confusión, una mescolanza horrible y sangrienta que no se puede pintar. Los caballos vencían al fin y avanzaban al galope, y cuando la multitud encontrándose libre se extendía hacia la Puerta del Sol, una lluvia de metralla le cerraba el paso.

miércoles, 26 de mayo de 2010

TRABAJO DE GENERACIÓN DEL 98

España: el desastre del 98: pérdida de las últimas colonias americanas, [cuba , Puerto Rico, Filipinas] consecuencia de la llamada "Spanish Civil War". Todos los problemas de España culminan en una serie de meditaciones y cuestionamientos, tanto en prosa como en verso. El grupo de escritores que se dan cuenta del mal que aqueja a España se han agrupado en torno al nombre dado por Azorín (José Martínez Ruíz) quien los llamó la Generación del 98. Entre ellos figuran Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset , Azorín, Ramón del Valle Inclán, Pío Baroja, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Escritores muy diversos en su arte, tan disímiles entre sí como los escritores del modernismo hispanoamericano.

Azorín, junto con Pío Baroja y Ramiro de Maeztu, forma el núcleo de la literatura del 98. Su obra es variada en términos de géneros: novelas, libros de recuerdos, cuentos, teatro, ensayos. Como escritor lo mismo que como político pasa por distintas y variadas etapas. Hoy en día es recordado como el escritor finisecular que frente a los cambios y desastres de España, termina preocupándose por la naturaleza, la gente y los objetos de su país (Castilla), por la angustia del tiempo, por el misterio de la existencia, por una evocación constante del tiempo pasado, en el estilo, por las frases cortas y a menudo abruptas y por el detallismo en el describir. Estos elementos filosóficos y artísticos los comparte con otras figuras del 98.

Valle Inclán cultiva una literatura muy distinta a la de Azorín. Crea obras de características variadas y hasta opuestas; en su primera etapa hay una preocupación por la belleza de la prosa, la alusión exótica, el ambiente sensual, erótico y hasta degenerado. Valle Inclán también es el autor de una literatura realista, crítica y aún fea y grotesca. Es el creador del "esperpento". A pesar de las diferencias señaladas estos artistas tienen en común su ruptura con el pasado tanto en cuestión de arte como en sus ideas sobre el pasado presente y futuro de España a la luz del desastre.

Entre ellos hay preferencia por el ensayo como medio para expresar sus ideas. Algunos ven la necesidad de renovar la vida española a través de un salto hacia la europeización, terminar con la situacion periférica de España. Otros veían la salvación en la reexaminación de los valores tradicionales de España, lo cual tuvo el efecto de crear un nuevo examen de los elementos del tradicionalismo y la necesidad de encontrar soluciones dentro de las normas y tradiciones de España.

Unamuno (1864-1936) junto con Angel Ganivet (1865- 1898) ensayista de mejor calidad si se exceptúa a Ortega y Gasset. Es una de las figuras más destacadas de la literatura moderna. Es una figura compleja y contradictoria, como lo son por definicion los espíritus del mundo moderno. En él y en su obra predominan la lucha, la negación, la duda. Es poeta novelista, ensayista, dramaturgo, cuentista, pensador, educador y profesor de literatura clásica en Salamanca.

Unamuno (1864-1936) escribió sobre las pasiones del hombre, sobre todo en sus novelas, en las cuales hay un sentimiento de angustia que muchos han identificado con la angustia existencialista del individuo moderno. La angustia también se manifiesta en su poesía. En ella se expresa el dolor, el sufrimiento, el espejo del alma que duda, que vacila y que recuerda aunque a veces es posible ver el lado juguetón (lúdico) y experimental de su verso. La separación del Modernismo y del 98 es difícil sino imposible.

LA GENERACIÓN DEL 98:

A) Europa ---finales del S. XIX

---Época de crisis

---los valores están en crisis; ¿qué sentido tiene la vida? ética--->estética

---expresión estética: el decadentismo: la forma (el estilo) es más importante que el contenido (tema)

B) España ---guerra de España contra EEUU

---España pierde la guerra

---España pierde sus últimas colonias: Cuba, Puerto Rico, Filipinas

---España ya no es imperio

---pesimismo nacional

---dos formas de expresar esta realidad:

(1) El modernismo:

Huir de la realidad a través del arte precisamente para hacer testimonio de cómo España se está destruyendo, ya no vale la pena hacer nada sino esperar la destrucción de la mejor manera posible: decorando, haciendo arte.

(2) El regeneracionismo:

En vez de huir de la realidad hay que confrontarla.

En vez de huir de España, confrontarla, meterse dentro del alma de España y redescubrirla en su pasado, concretamente Castilla porque allí nació España.

Sacar de allí los valores que hicieron a España grandiosa y se hace a través del paisaje castellano: lo bello de lo no bello

Autores del 98: Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Ramon María del Valle Inclán y José Martínez Ruiz

La Generación del 98: sufre por España, le duele España, le preocupa la identidad de España.

I. Temas del 98

a) El tema de España. Los autores mezclan el dolor y el amor por España, los rechazos críticos y la exaltación. Rechazaron ante todo la política del momento. Exaltaron en cambio y sobre todo en su madurez, "una España eterna y espontánea" de ahí su interés por el paisaje, por la vida de los pueblos y por la historia.

b) Las tierras de España fueron recorridas y descritas por los autores con esa misma mezcla de dolor y amor.

c) La historia es otro de los campos de sus meditaciones. Sí al principio, rastreaban sobre todo en el pasado las raíces de los males presentes, cada vez más buscaron los valores permanentes de Castilla y de España, tanto en los tesoros de la cultura como en los hombres.

d) las preocupaciones existenciales ocupan un lugar muy importante en la temática noventayochista. Hay que situarlas en la crisis de fin de siglo.















Podemos definir la generación del 98, de una manera amplia, como un conjunto de escritores, pensadores, científicos, artistas etc., que se sienten profundamente afectados por la crisis de valores de fines del XIX; y, que creen que la guerra de 1898, y la pérdida de los últimos restos de lo que había sido el imperio español, es un momento adecuado para la regeneración moral, social y cultural del país.
La novelistas de esta generación son Unamuno, Baroja, Azorín y Valle-Inclán. Los cuatro suponen una superación del realismo decimonónico bien creando novelas existenciales como Unamuno, experimentando como Azorín o Valle-Inclán o renovando el viejo realismo como Baroja. Unamuno rompe con la novela tradicional en el sentido en que todo ella es desnudo relato. La situación sólo es el pretexto para que se muestre la personalidad de los personajes. Los temas que trata son de carácter filosófico: el destino del hombre, la perduración del hombre concreto, la muerte y la nada como final de la vida, el sentido de ésta, la impotencia de la razón para comprender la vida.
Citamos a continuación alguna de sus principales novelas:
Amor y pedagogía. La primera novela renovadora de esta generación es una sátira del positivismo científico.
Niebla: Una novela existencial, en la que la niebla es el símbolo de la angustia en el que se mueven unos personajes polarizados entre la ficción y la realidad. Es interesante la forma en la que Unamuno plantea la relación entre el escritor y su personaje, Augusto Pérez.
En Abel Sánchez a través de Joaquín Montenegro vemos el tema de la envidia en la vida española.
El tema de la maternidad espiritual lo trata en La tía Tula, y la angustia que provoca la falta de fe y el deseo de tenerla en San Manuel Bueno.
Valle-inclán pasa del impresionismo modernista de las cuatro Sonatas al expresionismo esperpéntico de Tirano Banderas que es una historia caricaturesca y sangrienta de una dictadura americana.
La etapa intermedia la constituyen las novelas de la guerra carlista: Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera, Gerifaltes de antaño. En el conjunto de novelas de El Ruedo Ibérico Valle nos muestra una España infrarreal, estilizada hasta lo grotesco, trasunto de los años de la dictadura de Primo de Rivera en los que Valle escribe esta trilogía compuesta por La Corte de los Milagros, Viva mi dueño y Baza de Espadas.
Azorín utiliza la novela como soporte de sus innovaciones literarias desde novelas de la primera etapa como Las confesiones de un pequeño filósofo a las novelas objetivistas de la última como Don Juan o Doña Inés.
Las novelas de Baroja se caracterizan por ser el relato biográfico de un personaje central concebido ideológicamente, por lo que tiende a manipular el relato, seleccionando y adaptando los incidentes de manera que se ajusten al tema. Los acontecimientos se suceden en el mismo orden que afectan al héroe, en raras ocasiones un personaje secundario tiene importancia, escaso interés por el amor y las heroínas.
Muchas de sus obras están agrupadas en trilogías, unas veces unidas por el tema y otras de manera arbitraria.
Entra las más conocidas están: Tierra vasca, La lucha por la vida compuesta por La busca, Mala hierba y Aurora roja, la tetralogía de El mar en la que destaca Las inquietudes de Shanti Andía y una de sus novelas más importantes El árbol de la ciencia, dentro de la trilogía La raza.






2.Valoración crítica de la obra que ha leido: La casa de Bernarda Alba








La casa de Bernarda Alba, escrita en 1936 y no estrenada hasta muchos años más tarde es la obra maestra de Federico García Lorca. Lleva como subtítulo "Drama de las mujeres en los pueblos de España" y es eso, un drama rural, en el que Pepe el Romano, el hombre jamás presente en la escena, sólo entrevisto, oído, olido presentido será el catalizador de una tragedia que termina con más muerte y más encierro. La madre, Bernarda Alba, encarna un instinto de poder, tan ciego como el instinto sexual al que se opone, tiene como misión reprimir al mundo femenino que vive en su casa. Llama la atención la simplicidad aparente de la obra y su enorme complejidad temática. Ese mundo femenino, cerrado, en el que domina el silencio, en el que se perciben las murmuraciones de la aldea que ahogan a las hijas de Bernarda, forzadas a vivir en un mundo de negro hasta que al tradición, (o la voluntad de Bernarda) decidan que ya se puede volver a vivir, que se han terminado el luto. A la rigidez moral de este mundo sólo se puede escapar mediante un desafío a la norma que conduce a Adela inexorablemente a la muerte, mil veces preferible para ella que una vida sin pasión.





















La Generación del 98 es el nombre con el que se ha reunido tradicionalmente a un grupo de escritores, ensayistas y poetas españoles que se vieron profundamente afectados por la crisis moral, política y social acarreada en España por la derrota militar en la Guerra Hispano-Estadounidense y la consiguiente pérdida de Puerto Rico, Cuba y las Filipinas en 1898. Todos los autores y grandes poetas englobados en esta generación nacen entre 1864 y 1876.

Se inspiraron en la corriente crítica del canovismo denominada regeneracionismo y ofrecieron una visión artística en conjunto en La generación del 98. Clásicos y modernos.

Estos autores, a partir del denominado Grupo de los Tres (Baroja, Azorín y Maeztu), comenzaron a escribir en una vena juvenil hipercrítica e izquierdista que más tarde se orientará a una concepción tradicional de lo viejo y lo nuevo. Pronto, sin embargo, siguió la polémica: Pío Baroja y Ramiro de Maeztu negaron la existencia de tal generación, y más tarde Pedro Salinas la afirmó, tras minucioso análisis, en sus cursos universitarios y en un breve artículo aparecido en Revista de Occidente (diciembre de 1935), siguiendo el concepto de "generación literaria" definido por el crítico literario alemán Julius Petersen; este artículo apareció luego en su Literatura española. Siglo XX, 1949.

José Ortega y Gasset distinguió dos generaciones en torno a las fechas de 1857 y 1872, una integrada por Ganivet y Unamuno y otra por los miembros más jóvenes. Su discípulo Julián Marías, utilizando el concepto de "generación histórica", y la fecha central de 1871, estableció que pertenecen a ella Miguel de Unamuno, Ángel Ganivet, Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Carlos Arniches, Vicente Blasco Ibáñez, Gabriel y Galán, Manuel Gómez Moreno, Miguel Asín Palacios, Serafín Álvarez Quintero, Pío Baroja, Azorín, Joaquín Álvarez Quintero, Ramiro de Maeztu, Manuel Machado, Antonio Machado y Francisco Villaespesa.

La crítica al concepto de generación fue realizada inicialmente por Juan Ramón Jiménez en un curso dictado en los años 50 en la Universidad de Puerto Rico (Río Piedras), y luego por un importante grupo de críticos que va desde Federico de Onís, Ricardo Gullón, Allen W. Phillips, Yvan Shulman, y termina con las últimas aportaciones de José Carlos Mainer, Germán Gullón y Cristián H. Ricci, entre otros. Todos ellos han puesto en duda la oposición del concepto de generación del 98 y de Modernismo.

Ramón Menéndez Pidal.











El bilbaíno Miguel de Unamuno es una de las personalidades más destacadas de la literatura española del siglo XX. Nació en Bilbao en 1864 y vivió la guerra carlista. En Madrid cursa la carrera de Filosofía y Letras y después de varios fracasos, ganó en 1891 la cátedra de Griego en la Universidad de Salamanca, donde vivó casi toda su vida. En 1901 sería elegido rector de esa Universidad.

Tuvo una amplísima cultura antigua y moderna, filológica, literaria y filosófica. Fue un gran crítico de los distintos regímenes políticos en los que vivó y como consecuencia de su oposición a la dictadura del general Primo de Rivera fue desterrado (1924 - 1930) y se marchó primero a Fuerteventura y luego a Francia. Tras la caída del general vuelve triunfalmente a España y fue diputado durante la República. Ante las fuerzas de Franco su actitud inicial fue cambiante. Sin embargo su postura definitiva ante las fuerzas de Franco (con la famosa frase: "Venceréis pero no convenceréis") le valió ser destituido y confinado en su domicilio, donde murió el último día de 1936.

Unamuno fue siempre un hombre inquieto y rebelde, paradójico y contradictorio, ferozmente individualista, siempre rindiendo culto a su propia personalidad. Luchador contra todo, en guerra consigo mismo, en continua tensión, no encontró nunca la paz, acosado de dudas religiosas y existenciales. Su vida estaba presidida por una intensa actividad intelectual, de incesante lucha consigo mismo.

En cuanto a su ideología, Unamuno fue militante del PSOE y manifestaba ideas socialistas en su juventud. Sin embargo con el paso del tiempo va perdiendo la fe y abandona su militancia política.














































PRESENTACION

Se dice que una imagen vale más que mil palabras, parece cada vez más cierto conforme avanza la
civilización tecnológica. Este webpage es un experimento de combinación de poesía de la llamada generación del 98 y pinturas, destacando en especial algunas de Picasso joven, aquellas que realizo desde 1890 hasta 1907, año en que con Las Señoritas de Avignon revolucionó la pintura mundial. Como el periodo de la última década del siglo XIX y primeros años de siglo XX es una época de agitación y cambios en prácticamente todos los órdenes, sean políticos o económicos, científicos, literarios o artísticos, he incluido una breve cronología con enlaces -aún en construcción- a varios sites, de manera que la navegación, bajo el terrible auspicio del Saturno devorando a sus hijos (el Tiempo que traga lo que el mismo engendra) de Goya, sea multilineal. Otra razón para incluir esta sección cronológica se encuentra en relación directa con una característica un tanto estereotipada de la llamada generación del 98. Curiosamente este rasgo ha servido tanto para dibujarla como para desfigurarla: se dice que la generación del 98 representa un gesto de introspección, de clausura ante lo exterior, de cerrazón o ensimismamiento, de búsqueda de un alma nacional, de lo español, de lo castizo, una mirada absorta del propio ombligo. Por eso me parece importante abrirla, descentrarla, ubicarla en medio de los acontecimientos que le son contemporáneos en el mundo, ir un poco contra el estereotipo, y hacerlo en 1998, vía la web mundial, es de por sí significativo.
No otro motivo subyace a abrir la sección de Picasso joven, la primera de este proyecto, que se inaugura con sus autorretratos. La figura emblemática de Picasso, epítome del arte contemporáneo mundial, sería tanto un reflejo como un contrapunto, un movimiento paralelo en direccion opuesta a un
hispanocentrismo exclusivo y tradicionalista que grosso modo,se argumenta, habría caracterizado, con las
notables excepciones del esperpento de Valle-Inclán y la Nivola de Unamuno, ambas muy posteriores, a la gente del 98.
Picasso joven, principalmente en Barcelona, esa región excepcional a mitad de camino entre España y Francia, avanza en su aprendizaje de los medios expresivos a grandes trancos, y el mismo año de 1898,
el año del desastre colonial español, este pintor español y universal gana un premio de pintura. Tenía sólo 17 años. Para ir contra el estereotipo antes mencionado que dibuja el gesto del 98 como obnubilado por la llanura del vientre y la profundidad del ombligo recurrimos a los autorretratos de Picasso, pues despliegan un gesto similar al de la generación del 98, son una interrogación por la identidad; no obstante, ya desde el primero, el trazo nervioso y preciso pero sobre todo los radicales cambios entre uno y otro cuadro revelan una actitud distinta, una interrogación no sólo al tema mismo sino a los medios expresivos, y, en cada caso, una solución genial, inédita, al eterno problema heraclitiano del cambio, y por ese mismo movimiento no es extraño encontrarlo al final de este periodo del otro lado de los Pirineos, fuera de España, en la capital artística mundial de la época, en Paris. Es una sección prácticamente muda de texto porque - para que- las imágenes hablen con su propia voz.
La segunda sección se titula P y P, o poesía y pintura. En ella he combinado poemas de algunos autores del 98 con pinturas españolas de todas la épocas. (Por otro lado, al incluir distintas piezas musicales españolas a este proyecto, uno la música a las artes plásticas y a las literarias como un homenaje a la cultura española.) Aquí, nuevamente, la actitud es crítica del estereotipo, y espero que los poemas que acompañan a los cuadros puedan mostrar esa relación cultural particular en dos tradiciones tan ricas y representativas de la cultura española: la poesía (y en general, la literatura) y la pintura. Aunque es un problema complejo, podría postularse que los derroteros de ambas tradiciones son distintos no sólo por
la diferencia de medios expresivos. Ya desde mucho tiempo antes de 1898 se había inventado la leyenda negra de España. Desde el norte se la veía como feudal y atrasada. Su gran enemiga fue Inglaterra, que no sólo venció a su armada invencible sino que le arrebató la supremacía marítima y propició el desmembramiento del imperio español. La estocada la dio Estados Unidos en 1898. Es así que se ve rechazada, Europa le da la espalda, Latinoamérica ya no la respeta, España se cierra porque es aislada.
Este cerco se impuso particularmente sobre el lenguaje natural -el español- como esencia cultural: de ahí el valor del gracejo y el casticismo para los españoles del 98, o su mirada hacia el pasado literario. En cambio, las artes plásticas siguen una direccion opuesta, miran hacia adelante, quizá porque el lenguaje plástico es más internacional, más genéricamente humano, salta las barreras linguísticas, aunque el lenguaje pictórico también sea susceptible de aprendizaje. En todo caso, es de pensar que pese a la existencia de muy buenos escritores o poetas españoles durante este siglo, ninguno sea tan mundialmente reconocido, en su esfera, como lo son Picasso, Dalí, Miró, Tapies en la pintura contemporánea mundial.
La elección de las pinturas de esta sección en algún caso obedece a una relación obligada, denotativa, con los textos, como aquellas páginas que corresponden a Manuel Machado, quien desde el título nos invita a contemplar un cuadro mientras leemos sus poemas.
En otros casos la relación es más bien subjetiva pero pensada, una elección personal con miras a un fin
estético y representativo, una suerte, en fin, de arte conceptual.
Finalmente, la tercera sección es aquella de la cronología general de la que ya hablé al principio de esta
presentación, de manera que ya que hemos dado la vuelta los invito a disfrutar de la experiencia. La
página tiene tres puertas, dos ventanas bajo los números de los años (y una puerta muda y secreta que da al mar, que es el vivir.) Comiencen por donde quieran, no todos los caminos llevan a Roma, ni a España, sino que se ramifican por todo el Mundo. Que lo disfruten







Estilo:

Unamuno tiene un estilo que refleja con gran perfección los rasgos de su personalidad. Es sobrio y al mismo tiempo vivo y expresivo, despegado de viejas retóricas. Propone un estilo desnudo, frente a los estilistas que lo visten de galas. Pone en circulación muchos términos populares. Él mismo escribió que "quería sacara a ras de lengua escrita voces de la lengua corrientemente hablada, desentonar y desentrañar palabras que chorrean vida según corres frescas y rozagantes de boca en oído y de oído en boca de los buenos lugareños de Castilla y León".

Juega con el idioma, inventa términos nuevos, desentierra el primitivo significado etimológico de las palabras. Además busca la densidad de ideas, la intensidad emotiva, la exactitud de sus descripciones, no la elegancia. Su lucha interna se aprecia en su gusto por paradojas, antítesis, exclamaciones.

Obra:

Practicó todos los géneros. Sus cualidades como poeta fueron infravaloradas durante mucho tiempo, aunque en la actualidad se le tiene por uno de los grandes líricos del siglo XX. Es una poesía que se caracteriza por su gran riqueza de pensamiento; los principales libros son: Poesías (1907), Rosario de sonetos líricos (1911), El Cristo de Velázquez(1920), Romancero del destierro (1928) y el Cancionero póstumo, Diario poético que fue publicado en 1953 y recoge poesías escritas entre 1928 y 1936.

También es autor de importantes novelas. Figura Unamuno entre los más decididos renovadores de la novela a principios de siglo que a él le servía como cauce adecuado para la expresión de los conflictos existenciales.
Su primera novela fue Paz en la guerra (1897) , una novela histórica sobre la última guerra carlista. Con Niebla (1914) inicia lo que él denominó nivolas: frente a la novela tradicional presenta nuestro autor el enfrentamiento de las almas, de las pasiones humanas, sin paisajes, ambientes ni costumbres. Niebla plantea el problema de la existencia y la personalidad. El protagonista, Augusto Pérez, se rebela contra el propio Unamuno, porque se da cuenta de que no es más que un ser de ficción, manejado al capricho del autor, y le recuerda que también él, Unamuno, como ser humano, depende del capricho de Dios. En 1917 publicaría Abel Sánchez y en 1921 La tía Tula . Su obra maestra llegaría en 1931, San Manuel bueno mártir . Esta es la dramática historia del párroco de una aldea perdida que, entregado ejemplarmente a su pueblo y manifestándose como un santo, oculta el tremendo desgarro interior de la duda en la otra vida.

Escribió también numerosos libros de ensayo: En torno al casticismo (1902), Vida de Don Quijote y Sancho (1905), Por tierras de Portugal y España (1911), Andanzas y visiones españolas (1922), Del Sentimiento trágico de la vida (1922).