domingo, 20 de junio de 2010

MAURI (LAS LETRAS ROMANAS)

El alfabeto latino o romano es el sistema de escritura alfabético más usado en el mundo hoy en día. Se constituye de 26 letras y es usado, con algunas modificaciones, en la mayoría de las lenguas de la Unión Europea, América, el África Subsahariana y las islas del Océano Pacífico.

Entre los idiomas que lo emplean en su escritura se cuentan el español, el euskera, el inglés, el portugués, el indonesio, el islandés, el francés, el turco, el alemán, el catalán, el croata, el gallego, el javanés, el vietnamita, el italiano, el polaco, el quechua, el hausa, el suajili, el kazajo, el azerí, el tagalo, el uzbeko, el turkmeno, el somalí, el pinyin (transcripción fonética del chino mandarín), el trakalècxe y el àlkunes

En el uso moderno, la expresión alfabeto latino es usada para cualquier derivación directa del alfabeto usado por los romanos. Estas variaciones pueden perder letras —como el hawaiano— o añadir letras —como es el caso del español— con respecto al alfabeto romano clásico. Muchas letras han por otro lado cambiado a lo largo de los siglos, como las minúsculas, forma desarrollada en la Edad Media que los romanos no habrían reconocido.

El alfabeto romano, o latino, es el sistema de escritura más utilizado hoy en día. Está presente en lenguas como el inglés, español, francés, portugués, alemán, turco, italiano, etc.

Los romanos no inventaron este alfabeto, sino que lo adoptaron de los etruscos, quienes a su vez tomaron las letras del alfabeto griego. Los etruscos contaban con 26 letras en su alfabeto, mientras que los romanos, cuando lo acogieron primeramente, conformaron el suyo con sólo 21.

El primer alfabeto romano, de 21 letras, era: A, B, C, D, E, F, Z, H, I, K, L, M, N, O, P, Q, R, S, T, V, X.

La G surgió luego, siendo su sonido representado al principio por la C. De ahí que su parecido no es casualidad, sino que se le agregó una raya horizontal a la C.

La K, la Y y la Z fueron tomadas del alfabeto griego. Aunque figura ya la Z en el alfabeto que pusimos anteriormente, se trata de una Z distinta que terminó desapareciendo.

La J, la U y la W son letras derivadas de la I y la V, como su parecido sugiere. Esto ocurrió en la Edad Media.

El alfabeto romano quedó conformado entonces con 26 letras, como lo conocemos hoy:

A, B, C, D, E, F, G, H, I, J, K, L, M, N, O, P, Q, R, S, T, U, V, W, X, Y, Z.

Es importante decir que no contaban con minúsculas en un comienzo. Esta representación de las letras apareció sobre el final de la Antigüedad, con el fin de escribir completamente una letra sin levantar la mano al hacerlo. De ahí la forma redondeada de las minúsculas.

Muchos idiomas agregan letras o variantes gráficas del romano original. Contamos por ejemplo en el español con la letra Ñ.

El alfabeto griego es uno de los más importantes, especialmente por su historia. Precisamente, la palabra “alfabeto” es la conjunción de las dos primeras letras de este sistema de escritura: alfa y beta.

Se cree que apareció por primera vez en el siglo IX a.C., y es una derivación del que ya utilizaban los fenicios quienes, a su vez, tomaron las letras que componían su alfabeto de los cananeos, los cuales, por último, habían generado su sistema a partir del alfabeto semítico del norte. Más claramente:

Semitas del norte -> Cananeos -> Fenicios -> Griegos

Originariamente con el alfabeto griego se escribía de derecha a izquierda. Luego, pasó a ser en bustrófedon, que significa que al concluir la línea se leía la siguiente al revés, es decir, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda la siguiente, luego de izquierda a derecha nuevamente, etc. Para el siglo VI a.C., se conoce que ya se había establecido la forma de escritura de izquierda a derecha.

Existieron dos principales formas del alfabeto griego: la occidental o calcídica, y la oriental o jónica. Mientras que la occidental derivó en el alfabeto de los etruscos, y luego en el alfabeto romano como ya comentamos, la vertiente oriental fue elegida por Atenas en el año 403 a.C. Luego, se unificaron las otras formas del griego a la jónica. Vemos claramente entonces aquí, el origen de las diferencias entre el alfabeto griego y el romano, y su íntima relación.

En algunas partes de Europa, existían pueblos que no tenían alfabeto propio, y lograron este avance cuando se lo “importaron”. Es el caso de los eslavos, a quienes les fabricaron un alfabeto con el deseo de evangelizarlos.

Esto ocurrió a mediados del siglo IX. Se discute sin embargo su creador. Aunque por mucho tiempo existió la convicción de que san Cirilo y san Metodio, apóstoles de los eslavos, han sido sus creadores, actualmente se cree que San Clemente de Ohrid, un discípulo de éstos, es quien lo inventó. Su nombre entonces pudo haber surgido o porque así lo nombraron Cirilo y Metodio, o porque su discípulo lo nombró en su honor. Aquí no acaban las dudas. Mientras que se creía que el alfabeto glagolítico vino después del cirílico y fue inventado también por Cirilo y Metodio, aunque ahora se sigue pensando que ellos lo crearon, se piensa que fue anterior al cirílico y que éste último se basa en el glagolítico.

Viendo esto desde un punto de vista simplemente lógico, resultaría raro que Cirilo y Metodio crearan dos alfabetos tan similares, sin ninguna razón aparente. Es por esto también que es más probable la teoría reciente: Cirilo y Metodio crearon el glagolítico, de 41 letras, y luego San Clemente de Ohrid (o alguno de sus discípulos, ya que no está confirmada ninguna persona en particular) creó el cirílico, de 43 letras.

Sobre el objetivo no hay dudas, y como ya dijimos, se crearon para traducirle la Biblia a los eslavos y conseguir su evangelización.

Este alfabeto está en uso en muchas lenguas, como por ejemplo: bielorruso, búlgaro, kazako, macedonio, moldavo, mongol, ruso, serbio, turcomano, ucranio, uzbeko, yakuto, entre otros.

El papiro es el mayor antecedente de lo que hoy conocemos como papel.

Se fabricaba a partir del tallo de una planta llamada cyperus papyrus, que crece en el Mediterráneo, especialmente en Egipto. Es por esto que la mayor cantidad de papiros fueron encontrados en esta zona.

Su fabricación consistía en la unión de los tallos de estas plantas, llegando a medir varios metros. Eran enrollados para un fácil almacenamiento y traslado.

Existían distintos tipos de papiros, que poseían también distinta calidad. El de mayor calidad era la charta hierática, que se utilizaba en los textos sagrados. Luego estaba la charta liviana, que fue nombrado así en honor a la mujer de Augusto, llamada Livia. Después estaba la charta claudiana, de menor calidad pero más resistente. La charta amphitheátrica era el papiro para el uso común. Le seguían en nivel de calidad la charta saítica y la charta taeneótica. Finalmente, estaba la charta emporética, que se diferencia del resto porque era utilizado como material de embalaje y no como soporte para la escritura.

El papiro más antiguo encontrado data del siglo IV a.C., en Saqqara. Hay otros papiros que se destacan por el gran estado en que se encuentran o por la información que contienen, como los papiros: Ebers, Bremner-Rhind, Chester Beatty I, Harris 500, Harris I, de Ahmes, de Moscú 120, de Moscú.

La planta, no sirve únicamente para fabricar este soporte para la escritura. Además, a partir de ella, pueden crearse cestos, cuerdas, calzados y su tallo es muy nutritivo. Sin embargo, obviamente como la planta que originó el papiro es como pasó a la historia.

Poco a poco, sería sustituido por el pergamino.

Las diferencias entre lenguaje, lengua y habla son muy importantes a la hora de adentrarnos en el estudio del lenguaje y de la lingüística. Vamos a intentar dar unas definiciones básicas que nos permitan discernir unos conceptos de otros.

Podemos entender el lenguaje como la capacidad de poder establecer comunicación mediante signos, ya sean orales o escritos. De esta manera, el lenguaje presenta muchísimas manifestaciones distintas en las diversas comunidades que existen en nuestro planeta. Estas manifestaciones son lo que conocemos por lenguas o idiomas, como el español, el inglés, el francés o el alemán. No sería correcto hablar, por tanto, de “lenguaje español” o de “lenguaje francés”. Es importante saber emplear los términos con la precisión que merecen.

Por otro lado, la lengua es, como hemos dicho, un sistema de signos que los hablantes aprenden y retienen en su memoria. Es un código, un código que conoce cada hablante, y que utiliza cada vez que lo necesita (que suele ser muy a menudo). Este código es muy importante para el normal desarrollo de la comunicación entre las personas, pues el hecho de que todos los hablantes de una lengua lo conozcan es lo que hace que se puedan comunicar entre sí.

Y, entonces ¿qué es el habla? Es la plasmación de lo anterior, la recreación de ese modelo que conoce toda la comunidad lingüística. Es un acto singular, por el cual una persona, de forma individual y voluntaria, cifra un mensaje concreto, eligiendo para ello el código, los signos y las reglas que necesita. Dicho de otra manera, es el acto por el cual el hablante, ya sea a través de la fonación (emisión de sonidos) o de la escritura, utiliza la lengua para establecer un acto de comunicación.

Entre la lengua y el habla se establece una especie de estrato intermedio que los lingüistas entienden como norma. La norma es lo que nos impide emplear algunas formas lingüísticas que, ateniéndonos a la lógica de la lengua, podrían ser correctas. Ocurre cuando un niño dice andé, en lugar de anduve, de la misma manera que diría jugué, miré o canté. Este tipo de normas tiene origen histórico y, así consideradas, no constituyen ninguna irregularidad. La norma impone desvíos en determinados aspectos de la lengua que todos aceptamos, pero el hablante no tiene por qué conocerlos en un principio y por eso es tan común que, entre los que están aprendiendo, surjan este tipo de errores.

La finalidad de toda actividad verbal es la comunicación, como ya sabemos. Sin embargo, el emisor de un mensaje puede valerse del lenguaje buscando propósitos muy distintos. Bien puede querer transmitir una información, o quizá quiera, además de eso, inducir a su interlocutor a que realice una acción determinada, o expresar sus emociones, o jugar con las palabras para crear mensajes bellos, para crear arte, como hacen los poetas. Pues bien, estas diferencias tan importantes a la hora de plantearse objetivos es lo que se denomina las funciones del lenguaje.

A grandes rasgos, podemos distinguir entre seis funciones del lenguaje:

Función representativa: es la función específicamente humana. Actúa cuando utilizamos el lenguaje para realizar afirmaciones o plantear preguntas de naturaleza objetivo. El emisor utiliza esta función cuando transmite datos, hechos o ideas.
Ejemplo: está lloviendo, o dos por dos son cuatro.

Función conativa (o apelativa): aquí el hablante trata de actuar sobre el oyente, influyendo en él y tratando de operar sobre su conducta, ya sea llamando su atención (¡Eh!, ¡Juan!), mediante imperativos (¡Deja de gritar!) o exhortaciones (“Compre en la tienda X”)

Función emotiva (o expresiva): Consiste en el empleo del lenguaje para expresar los sentimientos o emociones del emisor. Por ejemplo: ¡Qué maravilla de paisaje!

Función poética: se utiliza cuando el emisor intenta atrae la atención del receptor sobre el mensaje mismo y crear belleza con las palabras. Es la función predominante en la literatura.

Función fática (o de contacto): sirve para asegurarse de que el circuito de la comunicación está intacto. Es muy común utilizarla en las conversaciones telefónicas, cuando el oyente repite “sí”, o “ya”, para dar a entender al hablante de que le está escuchando, o cuando el propio hablante pregunta, “¿me oyes?”.

Función metalingüística: esta función actúa cuando utilizamos el lenguaje para referirnos al propio lenguaje, sus códigos, sus reglas y sus componentes. Los diccionarios y los libros de gramática son un buen ejemplo, aunque también está presente en el habla cotidiana. Por ejemplo, cuando una persona escucha una palabra que no conoce y pregunta a su interlocutor, “¿qué significa?”

Es un hecho sabido por todos que, a lo largo de la historia, las lenguas cambian. Y lo hacen profundamente, en muchas ocasiones. Casi todas las palabras que hoy usamos provienen de formas distintas que ya usaron nuestros antepasados y que, merced a numerosas causas, procesos y factores, fueron evolucionando (sin prisa pero sin pausa, como se suele decir) hacia los estadios en los que hoy las conocemos y usamos.

La mayoría de esos factores que inciden en la evolución de las lenguas responden, curiosamente, a cuestiones extralingüísticas. Por ejemplo:

Factores socioculturales: la evolución de una variedad lingüística determinada puede depender, muy profundamente, de su prestigio social. Hay variedades lingüísticas que son usadas por grupos social o culturalmente dominantes, y estas formas suelen llegar a imponerse sobre las demás. Son aquellas que todos quieren imitar, dejándose, por el camino, las suyas propias, peor consideradas.

Factores políticos: también pueden ocurrir cambios cuando se establecen normas legales que tienen por objetivo regular el uso y funcionamiento de las lenguas. El hecho de que un gobierno prohíba el uso de una lengua, o la limite al ámbito privado, o establezca, por el contrario, que sea una lengua en concreto la que deba usarse por la administración, por los tribunales, por la universidad, etcétera, tiene una incidencia muy importante en la evolución de la misma. Por eso todas las normativas gubernamentales relacionadas con la lengua suelen encontrar una profunda polémica.

Factores históricos y geográficos: esta es, quizá, la más importante de todas. Los mecanismos por los cuales unos pueblos se relacionan con otros, a través del comercio, de los intercambios culturales, de la política, o incluso a través de invasiones y conquistas militares, marca profundamente no sólo la lengua que en ellos se habla, sino qué variedad de esa lengua y qué visión se tiene de ella. Al fin y al cabo, si en la mayor parte de Europa se hablan lenguas derivadas del latín se debe precisamente a la conquista romana, y si en la mayor parte de América Latina se habla castellano fue, precisamente, debido a la conquista española. La mejor manera de discernir la evolución de las lenguas es conocer muy bien el devenir de la historia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario